La lucha contra la obsolescencia programada

obsolescencia programada

Los gobiernos, las ONG y los consumidores luchan contra esta práctica que genera millones de toneladas de desechos electrónicos cada año causando un gran daño al medio ambiente.

¿Qué es la obsolescencia programada?

Uno de los principales problemas con el modelo actual de producción de la economía lineal y el consumo, en oposición a un sistema de economía circular sostenible, es la obsolescencia programada. Ésta se refiere a la reducción deliberada de la vida útil de un producto por parte del fabricante para aumentar el consumo.

¿Cómo afecta la obsolescencia programada al medio ambiente?

Nuestros dispositivos tecnológicos requieren una serie de elementos, entre ellos productos químicos, para funcionar de la manera en que lo hacen. Aparte de las baterías de iones de litio, hay una serie de otros metales que crean un riesgo para el medio ambiente y la salud de las personas, animales y plantas.

Esta multitud de elementos pueden filtrarse en la tierra, contaminando el suelo y las fuentes de agua, si no se reciclan adecuadamente. Mercurio, plomo, cromo hexavalente y cadmio son solo algunos de ellos. Algunos son cancerígenos, mientras que otros causan enfermedades más particulares o daños en el sistema nervioso.

En muchos países, especialmente en Ghana, existen vertederos masivos de desechos electrónicos en los que los componentes electrónicos antiguos se separan para obtener metales valiosos de su interior.

Se estima que aproximadamente 50 millones de toneladas de desechos electrónicos se generan a nivel mundial cada año, con partes valoradas en aproximadamente 55 mil millones de euros. Pero estos dispositivos abandonados a menudo terminan en áreas de extrema pobreza, donde se emplean medios rudimentarios de “reciclaje” para extraer cualquier valor que quede en ellos.

En Ghana, es común quemar desechos electrónicos, dejando que los plásticos y el material sin valor se derritan, hasta que puedan extraerse los metales valiosos del interior. Este proceso emite humos altamente tóxicos con poca o ninguna supervisión por parte del gobierno u otras agencias reguladoras. Mientras tanto, los niños de 12 años son puestos a trabajar en un área que algunos han descrito como “las puertas del infierno”.

Para combatir la obsolescencia programada, que también es costosa para los consumidores que tienen que renovar sus productos con mayor frecuencia, existen varias iniciativas.

Directivas gubernamentales

Después de años de conspiración, el problema de la obsolescencia programada se abrió camino en el ámbito legislativo de Europa cuando, el 4 de julio de 2017, el Parlamento Europeo aprobó su Resolución sobre una vida más larga para los productos.

Gracias a esta ley, los usuarios de dispositivos electrónicos pueden reparar sus terminales con cualquier proveedor de servicios de manera simple, sin la necesidad de recurrir al servicio técnico oficial del fabricante. La directiva también incluye incentivos fiscales para productos basados ​​en calidad, durabilidad y facilidad de reparación.

Esta directiva pretende reducir la cantidad de residuos electrónicos que genera cada país de la UE y desafía la tendencia actual entre los fabricantes de introducir diseños y componentes que son cada vez más difíciles de reparar o reemplazar sin herramientas especializadas.

Además de la legislación europea, algunos países también están creando sus propios marcos legales para anticipar la obsolescencia programada. El caso más conocido se encuentra en Francia, donde, tras una prolongada batalla política, se pueden imponer multas de hasta 300.000 euros y penas de prisión de dos años a los fabricantes que planean que sus dispositivos dejen de funcionar después de un tiempo.

Alargascencia: una iniciativa de Amigos de la Tierra España

En respuesta a la obsolescencia programada, la ONG española Amigos de la Tierra (parte de “Amigos de la Tierra” Internacional) lanzó una iniciativa, Alargascencia, contra la obsolescencia, abogando por la mayor prolongación posible de la vida útil de los productos a través de la compra, venta, alquiler e intercambio de bienes de segunda mano. Para ello, ha creado una red de establecimientos que sirven como punto de encuentro para intercambiar objetos innecesarios y también para repararlos, evitando así la necesidad de comprar nuevos.

“Amigos de la Tierra” no es la única ONG en asumir la obsolescencia programada. Greenpeace también lanzó una campaña para promover una mejor reparación de los dispositivos móviles, como un antídoto contra la tendencia actual de comprar nuevos todo el tiempo.

¿Qué es la certificación ISSOP?

ISSOP es una marca otorgada por la FENISS (Fundación Energía e Innovación Sostenible Sin Obsolescencia Programada) que certifica que las empresas producen bienes y servicios respetuosos con el medio ambiente, sin obsolescencia programada, preferiblemente por comercio justo, que contribuyen a la reducción de emisiones y la correcta gestión de residuos. Empresas como Casio, SostreCívic y Scanfisk Seafood llevan esta marca.

En el caso de la empresa de productos pesqueros Scanfisk Seafood, por ejemplo, la marca ISSOP se le otorgó en 2016 por su invención de un refrigerador que funciona con energía renovable y que recicla el agua sobrante, y el hecho de que el dispositivo y sus componentes son reparables y actualizables sin obsolescencia programada.

Hasta 50.000 euros por consumidor

Las organizaciones de consumidores y usuarios están formando un frente común contra la práctica abusiva, señalando que el 99% de nuestros productos están obsoletos antes de tiempo, algo que en promedio costará a las personas entre 40.000 y 50.000 euros durante sus vidas.

Las organizaciones afirman que los artículos electrodomésticos, por ejemplo, actualmente están hechos para durar entre 2 y 12 años, pero están hechos de materiales que deberían permanecer útiles durante al menos medio siglo.

Abordar la obsolescencia programada no es solo una batalla contra el uso abusivo de los recursos y un modelo económico insostenible, sino también contra el cambio climático.

 

Fuente: Gaia – Acciona

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